Rodrigo de Castro Amédée Péret ofm
Mumbai, 22 de enero de 2004
Terminó el IV Foro Social Mundial, en Mumbai en el Agad Maidan, un espacio abierto en el centro de la ciudad. Los número del IV FSM son esperanzadores, delegaciones de 137 países y cerca de 100 mil personas participaron en innumerables talleres, seminarios y conferencias con los temas más diversos.
Al
igual que en las otras ediciones, realizadas en Brasil, el objetivo del Foro es ““ser un espacio abierto de encuentro para: intensificar
la reflexión, realizar un debate democrático de ideas, elaborar propuestas,
establecer un libre intercambio de experiencias y articular acciones eficaces
por parte de las entidades y los movimientos de la sociedad civil que se
opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier
forma de imperialismo y, también, empeñados en la construcción de una sociedad
planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de
estos con la Tierra.”(Cf. Carta de Principios, 1)
No es exagerado afirmar que el FSM es el mayor espacio de reflexión y de celebración de las organizaciones y movimientos de la sociedad civil que coinciden, luchan, construyen, buscan y afirman que “otro mundo es posible”. Es un gran movimiento que acontece en varios niveles, a partir de lo local, pasando por los foros nacionales y continentales.
Después de Mumbai el FSM no podrá jamás ser el mismo. Fue ocupado por los excluidos. Y no podría haber sido de otra manera, porque fue realizado en la ciudad que es el centro económico de la India, donde las masas de excluidos viven en extrema miseria. En Mumbai no se puede caminar sin ver los frutos de la exclusión. No hay forma de esconderla, como se hace en muchas metrópolis de América Latina; la miseria se amontona en los trenes, se distribuye en los barrios y aflora por las calles, agigantándose por toda la ciudad.
El ejercicio discursivo de la razón reflexiva de aquellos que luchan por otro mundo posible, fue absorbido por las “comparsas de danzantes” de diversas etnias y culturas que se dirigían al local del Foro. El colorido y la creatividad del pueblo que dejó las aldeas, poblados, periferias y caseríos, con sus tambores, panderos y cornetas, instrumentos de cuerdas y de viento, sus pieles pintadas, diversas vestimentas, adornos en las manos y en los pies, y caras de protesta, se hizo cargo de la estructura rústica y popular del Foro en Mumbai. Innumerables grupos, movimientos populares e indígenas mostraron las caras de una India que lucha.
Se parecía a una de las ocupaciones de los Sin-Tierra o de los Sin-Techo, que al entrar en un lugar, le imponen su dinámica y modo de ser.
Es verdad que los talleres, seminarios y conferencias continuaron sus ritmos, más afectos a la intelectualidad, como lo señala el concepto “gramsciano” del intelectual orgánico. En algunas de esas actividades, el paso de las “comparsas de danzantes” provocó que todos se hicieran eco de sus sonidos, sus cantos y sus gritos.
Mumbai mosto que otro FSM es posible. La ocupación del IV FSM por los excluidos fue una afirmación celebrativa de la diversidad y del diferente, masacrados por la globalización. En Mumbai se afirma un desafío: la masa de los excluidos que ocuparon el FSM apunta ahora a la necesidad de un encuentro real entre el Foro y los excluidos. En este encuentro de la diversidad, otro lenguaje para el FSM es posible.