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Guía: Las motivaciones de Juan Pablo II para invitar a los a los representantes de las religiones del mundo a orar juntos por la paz iluminan el sentido de nuestro encuentro y nos animan a abrir nuestro corazón a Dios.
L 1: La oración por la paz no es un elemento que «viene después» del compromiso por la paz. Al contrario, está en el corazón mismo del esfuerzo por la edificación de una paz en el orden, en la justicia y en la libertad.
L 2: Orar por la paz significa abrir el corazón humano a la irrupción del poder renovador de Dios. Con la fuerza vivificante de su gracia, Dios puede abrir caminos a la paz allí donde parece que sólo hay obstáculos y obstrucciones; puede reforzar y ampliar la solidaridad de la familia humana, a pesar de prolongadas historias de divisiones y de luchas.
L 1: Orar por la paz significa orar por la justicia, por un adecuado ordenamiento de las Naciones y en las relaciones entre ellas. Quiere decir también rogar por la libertad, especialmente por la libertad religiosa, que es un derecho fundamental humano y civil de todo individuo.
L 2: Orar por la paz significa rogar para alcanzar el perdón de Dios y para crecer, al mismo tiempo en la valentía que es necesaria en quien quiere, a su vez, perdonar las ofensas recibidas.
Canto
Guía: "Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios".
Jesús no habla de los pacíficos sino de los que trabajan por la paz, los que la posibilitan". ¿Cómo hizo Jesús esta paz?
Las bienaventuranzas que Él proclama abarcan todas las dimensiones de nuestra vida y son la única alternativa válida en un mundo globalizado y excluyente.
Proclamación de la Palabra de Dios: "Las bienaventuranzas". (Mt 5, 1-12)
Pausa de silencio
(Si se considera oportuno se puede invitar a los participantes a un intercambio grupal para la actualización del texto)
Guía: Pidamos perdón por nuestra complicidad en la violencia y la injusticia que descomponen el mundo.
A cada invocación respondemos: ¡Te pedimos perdón!
- Por la dureza de nuestro corazón
- Por despilfarrar nuestros dones
- Por querer demasiadas cosas
- Por herir la tierra
- Por ignorar a los pobres
- Por confiar en las armas
- Por negarnos a escuchar
- Por desear el dominio
- Por querer ganar
- Por nuestra falta de riesgo
- Por nuestra falta de confianza
- Por nuestra pasividad
- Por nuestra falta de esperanza
- Por nuestra falta de amor
- Por nuestra falta de compromiso...
- Por nuestra arrogancia...
- Por nuestra impaciencia...
- Por nuestro silencio de complicidad
(Se sugiere utilizar en este momento algún símbolo, por ejemplo, un ánfora con agua para indicar la purificación que imploramos)
Guía: Sana nuestros corazones con un arrepentimiento sincero y conviértenos a ti, Señor, para que la violencia no hunda sus raíces en nuestra vida ni germinen en ella los frutos de la discordia. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén
Pausa de silencio
Guía: La verdadera paz es «obra de la justicia», es fruto del respeto hacia la dignidad de las personas y de los pueblos, siempre sedientos de concordia, de armonía y de amor.
La paz verdadera y duradera, sólo puede nacer del encuentro de la justicia con la misericordia.
A cada invocación respondemos: ¡Cambia nuestros corazones, Señor!
- Para que aprendamos la compasión
- Para que abracemos la no-violencia
- Para que perdonemos de corazón
- Para que tengamos entrañas de misericordia
- Para que actuemos con justicia
- Para que habitemos la solidaridad
- Para que vivamos con esperanza
- Para que confiemos y nos atrevamos
- Para que seamos constructores de paz
....... otras invocaciones espontáneas
(un símbolo adecuado para este momento podría ser encender una luz e intercambiarla con un augurio de iluminarnos recíprocamente con la misericordia y la compasión)
Guía: Señor de la vida y de la historia, ante ti se calma toda tempestad; haz que tu pueblo se alegre siempre al escuchar tu Palabra y con la misericordia y la compasión construya en la esperanza la serena paz de tu Reino. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Pausa de silencio
Guía: Hagamos nuestra la oración de San Francisco, pidiendo a Dios que nos convierta en instrumentos de su paz.
Asamblea:
Oh Señor, haz de mi un instrumento de tu paz:
Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la unión.
Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.
Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
A ser consolado, sino a consolar.
A ser comprendido, sino a comprender.
A ser amado, sino a amar.
Porque: Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
Canto a María, Señora de la paz
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